En el mismo Hotel donde celebramos fin de año, nos reunieron a todos para este importante evento. Coincidía, a su vez, casi en el mismo salón, con el aniversario de la clínica donde trabajaba mi mamá.
Mientras su evento ya se estaba llevando a cabo, yo me encontraba desparramada en un sillón rojo que había en un vestuario, al cuidado de la hija de una compañera de mi madre, una nena de 4 o 5 años, hasta que me sintiera lista para volver a mi evento, pero no estaba sucediendo. En la habitación del lado, un grupo de niñas adolescentes se preparaban maquillándose para salir a dar un show de su academia de danza en cada uno de los eventos.
Pero antes de continuar, quiero aclarar por qué me encontraba en el vestuario y no con el resto de mis compañeras del piso en el salón, sacándonos selfies y tomando champagne, esperando la mejor parte de la cena.
Fue justo a unos minutos de que llegué. Estaba con Vico, con quien también había compartido los estudios universitarios, hablando con otros compañeros de piso sobre los que considerábamos los mejores programas del año según cada uno. Ya nos habían comentado que probablemente premiarían a la producción de alguno de ellos esta noche. Y yo tenía la convicción de que mi programa era uno de los más votados.
Elegí para ponerme un vestido al cuerpo estilo sirena, color gris oscuro, y un blazer negro que apagaba un poco los toques de pasarella que tenía el vestido solo en sí mismo. En los pies, unos tacos blancos con base gris tirando a negra, así que realmente todo en mí brillaba. Para suerte de todos ya no era obligatorio usar barbijo, así que saqué de mi placard los maquillajes de cuando trabajaba profesionalmente de ello y di lo mejor de mi hasta quedar espléndida.
Nos avisaron que en unos minutos probablemente nos tomarían las fotos pro programa y por mesa, por lo que decidí ir al baño a retocarme el maquillaje. Al llegar, me di con que estaban limpiando (¡¡Jen pleno evento!!) y tenía que esperar bastante, a lo que me indicaron como segunda opción, que fuera al que se encontraba en la zona de vestuarios.
Para llegar tenía que cruzar el salón donde estaba el otro evento y entrar por el pasillo que estaba “junto a la puerta de la cocina”, lo cual no lo pensé dos veces porque era pasar cerca del salón donde estaba mi madre. También quería apurarme un poco, para estar en las fotos. Cuando entré al salón, vi que la puerta de la cocina estaba entre dos pasillos. No me dijeron cuál era exactamente, así que decidí mandarme por el primero luego de preguntarle a un mozo y no obtener respuesta ya que al parecer era nuevo y no supo decirme el camino indicado.
Caminé hasta el final y vi una puerta que tenía un letrero que parecía decir "vestuario" pero estaba borroneado, viejo. Golpeé, nada. Volví a tocar. Nada. Entré. Si, era un vestuario pero no estaba en uso actualmente. Ni siquiera había luz. Sólo lo que entraba por la bisagra desde el atardecer. Me acerqué a uno de los espejos pero me dio una sensación fea, la mayoría estaban rotos. Me pareció escuchar que alguien se acercaba por lo que pregunté:
-¿Hola?- dije con timidez, aunque ya decidida a volver al salón y tomar el pasillo correcto.
-Hoooolaaa...-una voz conocida apareció al mismo tiempo que se acercaba por la puerta Carlo. Se ve que también había querido ir al baño y tomó la misma decisión que yo para estar en este lugar.
-Ay, hola! -respondí, más aliviada que asustada de encontrarme con un conocido. Peeeeero luego me arrepentí.
-Qué tal le va a la productora más hermosa de todo el medio…? -No parecía borracho. A lo que le devolví una media sonrisa por cortesía e intenté avanzar con mi camino, porque noté cierto tono pesado y además, no se corría de la puerta de entrada.
-Permiso, por favor -parecía más un ruego- Me están esperando.
-Pfff. ¿Quién te espera?
-Dale Carlo, de verdad, no molestes.
-Uy... creo que es la primera vez que me llamas por mi nombre.
-Es la primera vez que te menciono porque es la primera vez que nos vemos. Pero por favor, necesito salir. Aparte está re feo el lugar.
-Oooh, pero si está perfecto acá. No nos ve nadie.
Y ahí con esa frase, se me congeló el cuerpo. Lo miré de frente, a un metro de distancia. Realmente no sabía qué hacer. El maldito Carlo era el hijo del dueño de toda la productora. Conducía tres programas diferentes, dos de radio y uno de televisión. Tenía a todas las estúpidas a sus pies, y en más de una conversación me sentí sapo de otro pozo por no coincidir con los gustos de mis compañeras respecto de "el gran Carlo". Se comentaba también que para "hacer carrera" en la productora, había que ganarse la confianza de Carlo, y no hablo de un acuerdo de palabra. Había que ofrecerle a Carlo algo más.
-Carlo, te agradezco el piropo, pero en serio, me tengo que ir-. Y avancé sobre él con toda la fuerza que creí haber sacado en ese momento.
Pero no fue suficiente.
-Pará, pará chee. ¿Por qué esa violencia?
- No estoy siendo violenta. Vos si, al no dejarme pasar.
-Natalia...
-Dejame pasar o voy a gritar y va a ser peor.
Se rió, burlesco.
- Pero gritaaaá mi amor, todo lo que quieras. ¿No escuchas el volumen de la música? Además, estamos en el pasillo equivocado, nadie te va a escuchar.
Para ese entonces, empecé a sentir más miedo que antes. Si me defendía de la forma que fuera tenía que estar cuidando todo porque él podía poner en riesgo mi trabajo. Y no iba a permitir que después de años de búsqueda laboral, al fin habiendo encontrado lo que me gusta hacer, pueda perderlo a causa de un pajero.
Me quedé callada, pensaba qué hacer. Carlo respiró profundamente. Después, con una actitud más relajada dijo:
-¿Te gustaría conducir un programa? Tenes presencia vos -dijo, y acercó su mano a mi rostro, tomándome del mentón. Yo "me dejé" mientras buscaba con los ojos algún elemento que me ayude a sacármelo de encima.
-No, gracias. Estoy bien con el programa que tengo.
-Pero mirá como hablas, sos elocuente además, no hay muchas así. Ya sabes que la mayoría no se comen los 2 añitos de carrera que hiciste vos.
-Son 3 años. Y 5 para la licenciatura. -y entonces se me ocurrió el peor comentario- vos tampoco te bancaste esos años, ¿No?-.
Carlo soltó mi rostro con bronca e hizo un paso hacia atrás.
-Pero que hija de puta.. ¿Quién te mandó a decir esas cosas, el boludo de mi viejo que me insiste en continuar la carrera pedorra esta?
-A mi nadie me mandó Carlo. Vos estas acá como si me hubieras estado persiguiendo y ahora sos vos el que no me deja seguir mi camino.
-El problema soy yo, claaaaaro. Qué lástima que rechaces mi oferta de conductora. A la gente le gustaría verte en la tele. A los hombres, les gustaría.
-Basta Carlo. Por favor.
-Entiendo. Entiendo. Yo no hice la carrera que vos o muchos de los que están en la productora hicieron. Pero.. mirá donde estoy.
-Sí, sí, te felicito. Es un logro. Porfa salgamos de acá.
-¿Sabes que me parece raro? Que nadie rechaza una oferta mía, porque por lo general se acercan a mí con intenciones de proponer proyectos que yo puedo permitirles llevar a cabo.
-Carlo, por favor. En serio. Vamos y no digo nada. Esto nunca pasó.
Y entonces ocurrió lo que veía venir pero no quería ni imaginarlo. Carlo se abalanzó sobre mí y dijo "Podrás rechazar mi oferta de un nuevo programa, pero no vas a rechazarme a mí" y comenzó a bajarse el pantalón mientras yo intentaba en vano escapar. Lo peor es que gritaba, pero era como si el aire me quemara la garganta, mi voz quedaba atrapada en el ambiente. No podía salir. Carlo se agarró de mis tetas como si estuviera por caer de un precipicio y ni aún así pude gritar, ni siquiera de dolor, pero él sí, lanzó un suspiro asqueroso. Todo lo que estaba sucediendo era asqueroso. Traté de defenderme una vez más.
Carlo me había empujado hasta una especie de escritorio y en contra de mi voluntad, quedé sentada sobre el borde, mientras él intentaba por todos los medios sacarme el vestido que gracias a su diseño con cola de sirena, se había convertido en mi protección. Mientras yo continuaba gritando en silencio, Carlo me tomó del mentón otra vez y comenzó a besarme, primero en la boca, con una desagradable pasión que yo no compartía, a la que no respondía tampoco, luego fue descendiendo por mi cuello, mientras tomaba mis manos con sus brazos fuertes. Lo único que no estaba sosteniendo eran mis piernas, pero así con las piernas libres no podía correr. No podía vencerme, era mi momento de sobrevivir a esto, de dejar de poner mi trabajo primero y verme a mí misma, era esta situación la que el destino ponía ante mí para defenderme con firmeza. Entonces tomé a Carlo del cuello y como él habría pensado que al fin me estaba rindiendo, levanté la rodilla con toda la fuerza que pude y lo empujé golpeando las dos manos en su pecho, lo que lo hizo tropezar torpemente hacia atrás. Me acomodé el vestido como pude y salí corriendo. El pasillo parecía más largo que cuando entré la primera vez. Una vez de vuelta en el salón de la fiesta de la clínica, observé la puerta de la cocina así que entré al otro pasillo. Ya se escuchaban algunas voces de las chicas de la academia de danza. Me sentí aliviada, porque no podía volver al salón del evento de mi trabajo. No aun.
En el vestuario, me encontró una compañera de mi mamá, quien lejos de sospechar que estaba agitada y nerviosa, me pidió cuidar a su nena unos minutos mientras ella iba a no sé dónde y ya volvía. No escuché lo que dijo. Acepté porque estaba comenzando a actuar como si nada hubiese sucedido (típico en mi). Entré al baño del vestuario y mientras la nena jugaba con unas muñecas que tenía encima, me tiré en un sillón que había en la entrada, y me largué a llorar desconsolada. Una de las bailarinas escuchó y llamó a las demás. Otra se hizo cargo de llevar a la nena al salón. Y todas se sentaron junto a mí para preguntarme qué sucedía. Tenía tanta vergüenza que no podía hablar. Y cuando lo hice, una de ellas, la que parecía más jovencita, se acercó y me dijo: es que tenés que hablar. Tenés que ir y dar la cara, dar TU cara. Pararte de frente y defenderte porque ni vos ni nadie merece esto que acabas de vivir.
-Pero es que él es literalmente el hijo del dueño.
-Tenés que intentarlo. Si dejas pasar esta situación ya sabes cómo es, no hay vuelta atrás, no vas a poder quejarte si alguna vez vuelve a suceder. No podemos quedarnos atrás las mujeres, y menos hoy. Nos están escuchando, vos que laburas en un medio, hacete escuchar.
Así que con su ayuda salí del baño y crucé el segundo salón. Vi que mi mamá me vio llorando y se paró de la mesa donde se encontraba. Seguida de un impulso, fui hasta la mesa de Carlos Reisín, el padre de Carlo, quien era dueño y director de la productora. Estaba sentado fumando un cigarrillo mientras conversaba con otros hombres cuando llegué a él y le dije:
-Me voy Carlos, que terminen bien la noche
Se dio cuenta que yo estaba algo alterada.
- ¿Por qué Nati? ¿Pasó algo? ¿Qué te pasa? -en eso que pensaba cómo formular lo que iba a decir vi a Carlo por sobre el hombro del director, aparecer en el salón. Medio despeinado y con el pelo húmedo, mientras se acomodaba la camisa dentro del pantalón y se acercaba a saludar a unas chicas.
-Sí, pasó. Pasó que entré al baño equivocado y una persona que trabaja para SU medio, intentó violarme y abusó de mi. -Esta vez, noté que sí pude elevar mi voz.
Carlos me miró estupefacto al tiempo que los demás hicieron un silencio incómodo en la mesa. Atinó a decir:
-Pe.. Pero nooo Nati, querida, cómo vas a decir eso, seguramente vos te confundiste- expresó, mientras me tomaba por los hombros y me sentaba en la mesa llena de masculinos -le habrás dado a entender otra cosa al pobre hombre... -y ahí me paré de la silla como una furia.- ¿En serio usted piensa eso? -intentó calmarme apoyando una mano en mi brazo y lo rechacé con un movimiento brusco. Me agarré de su sweater y le dije levantando la voz: -¿Hasta cuándo va a hacer la vista gorda? ¿¡Le digo que fui abusada por alguien de esta empresa en el baño y YO soy la responsable!? Esto no queda así-.
Algunos ya se habían parado a mi alrededor y me fui corriendo de ahí. Entré a un baño de cristal con vidrio polarizado que antes no había visto. Me senté en el inodoro y observé a las chicas de danza que tomaban el control del escenario, pero no para bailar, sino para hacer justicia. Escuché a una de ellas decir que "en el baño estaban abusando gratis" y luego vi todos los hombres de esa mesa y a mi jefe, Carlos, salir corriendo en mi dirección. Supongo que pensaban detenerme. Pero yo no iba a hacer nada más, todo me parecía ya demasiado. Además, estaba ahí mismo, entre ellos, en la caja de cristal. También vi a mi mamá corriendo buscándome, junto con un compañero de su trabajo. Y al final vi a Carlo, que se detuvo frente a la caja del baño como si supiera que yo estaba ahí y dijo "¡Pero qué zorra de mierda, me delató!" Golpeó el vidrio y corrió en otra dirección. Yo quería hacer pis, pero se vé que de los nervios no me salía. Así que como esto había llegado muy lejos, decidí detener todo para ir al baño a un lugar seguro. Entonces, me desperté.